Las Cárceles de las emociones

Muchos de nosotros vivimos en una cárcel emocional porque queremos ser buenos. Nos rodeamos de toda una red de "deberes" que en muchas ocasiones entran en conflicto con nuestros deseos y nuestras capacidades. Nuestra Lista Universal de Deberes, en la que leo "Siempre debo ser: correcto, limpio, brillante, sensato, bueno, obediente y saludable", cueste lo que cueste y cualquiera que sea la situación.

Esa red de "deberes" incluye una buena cantidad de diálogo interno sobre lo que "ellos" aprobarían o reprobarían. "Ellos" puede ser cualquiera, su madre, su padre, su jefe, su tía Luisa... son las personas a las que miramos para decidir si lo que estamos haciendo está bien o no lo está.

¿Dónde estaríamos en la actualidad si todos los inventores, si todas las personas que ha arriesgado a emprender un nuevo rumbo, y que con frecuencia han hecho grandes descubrimientos, hubieran esperado a que alguien les dijera que estaba bien lo que iban a hacer antes de llevarlo a cabo?

Hay una gran diferencia entre una muralla de hormigón colocada a nuestro alrededor fuera de nosotros y los muros que levantamos en nuestra mente.

Los guardianes son nuestros miedos, siempre presentes, que se empeñan en que sigamos estando donde nos encontramos. Mientras que sintamos miedo, no podremos movernos.

Todo tenemos creencias que, cuando las contemplamos a la luz de la investigación, descubrimos que son ridículas; sin embargo, hemos vivido sin pararnos un momento a cuestionarlas. Ese estudio revelará, sin la menor duda, creencias de ese tipo que pondremos en cuestión una vez que las hayamos encontrado.

Una vez que se haya liberado de las viejas creencias que ya no tienen utilidad en su vida, usted empezará a adentrarse en un territorio desconocido para el que no hay mapa. El mapa se va haciendo sobre la marcha. Precisamente en esto es en lo que consiste el riesgo.

Asumir el riesgo de empezar a cuestionarnos estas viejas enseñanzas supone dar un paso de gigante. Nos coloca en lo desconocido, y eso produce pavor. La lucha es difícil y el camino por lo general no está claro, Sin embargo, una vez que nos hemos convertido en exploradores a nuestro propio servicio, derribamos los muros de la cárcel y entonces se posibilita el crecimiento continuo. Podemos usar nuestra energía para descubrir y explorar nuevas posibilidades, en vez de seguir desperdiciando energías defendiendo nuestras viejas creencias en un fútil esfuerzo para hacerlas soportables.

Para mí, lo más triste de la historia es comprender que muchas personas viven en una cárcel emocional sin percibirse de ello. Sólo se dan cuenta de que son algo desdichadas y de que estás un poco deprimidas, y esperan algún momento mágico en que las cosas cambien. En esa cárcel no se puede hacer nada más que cumplir la sentencia. Sólo cuando salimos de la misma tenemos la oportunidad de vivir una nueva vida.

Autora: Virginia Satir

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